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Diego García es de los pocos pescadores que sigue haciendo sus propias nasas de madera de forma artesana en el occidente de Asturias. Y las hace tal y como se hacían antiguamente. Diego comenzó a elaborar estas nasas hace diez años coincidiendo con la compra de su propia lancha. La necesidad y su inquietud hicieron que este joven pescador de Tapia aprendiera de manera autodidacta a elaborar estos útiles, que después utiliza en la mar.

Diego no comercializa sus nasas, sino que simplemente las hace para pescar. “Me las encargaron ya varias veces, pero dije que no, porque yo no vivo de esto, yo vivo de la mar”, explica en un taller repleto de nasas.

Las trampas se usan principalmente para la pesca de marisco y pulpo. Y de vez en cuando, también algún congrio. Las piezas entran atraídas por el cebo o carnada y quedan atrapadas en ella. Las hay de diferentes tamaños, formas y hechas de distintos materiales. “Para el marisco, pesca más la madera, y más la nasa de barrotes”, sentencia Diego García, que cuenta también con un pequeño museo con útiles de la mar heredados de su abuelo.

La nasa consta de diferentes partes: ocho aros, barrotes, red o los laterales, llamados cabezas. El animal entra por la boca de la nasa, que lleva piedras a modo de plomo para hundirse una vez es lanzada al mar. Entre los barrotes tiene que haber una distancia de tres dedos, espacio para que el marisco que no dé la talla pueda escapar. Diego García seguirá elaborando sus propias nasas y manteniendo viva una tradición que con el paso de los años está desapareciendo en Asturias. “Es una pena, pero esto se está perdiendo”, concluye.

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