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[Este medio dedica la sección La Mujer del Campo y la Mar al 25N Día Internacional Contra la Violencia Hacia las Mujeres]

Aunque la violencia contra las mujeres no conoce fronteras sociales ni económicas, la Asamblea General de Naciones Unidas reconoce que las mujeres del medio rural son especialmente vulnerables a esta lacra social. En España, desde 2003, año en que se inició la recogida de datos, se llevan contabilizadas un total de 973 víctimas mortales. Teniendo en cuenta que en las zonas rurales vive alrededor del 20% de la población, la incidencia de la violencia ha llegado algunos años a ser cuatro veces superior a la registrada en el ámbito urbano.

El histórico de víctimas en Asturias, según datos del Ministerio, es de 26 mujeres asesinadas. Geográficamente, con la información aportada por el Instituto Asturiano de la Mujer, las ciudades más pobladas Gijón, Oviedo y Avilés registran la cifra más alta, pero los homicidios han azotado también a territorios de menos de 10.000 habitantes: Piedras Blancas, San Juan de la Arena, Degaña, Pravia, Navia o El Franco, dónde se cometió el último homicidio de los tres registrados este año en Asturias.

“El asesinato de nuestra vecina Yésica, joven, trabajadora y luchadora, nos dejó muy afectados. Su recuerdo estuvo presente en todos los actos que organizamos para conmemorar el 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia hacia las mujeres”, comenta la concejala de Igualdad de El Franco, Victoria Zarcedo. “Es nuestra obligación como pueblo, como sociedad, velar por la seguridad de nuestras mujeres. Ni una más, ni una menos”, apunta.

De oriente a occidente, en todos los municipios asturianos se organizan actividades de concienciación, pero en los territorios rurales, señala Zarcedo, las campañas de sensibilización no siempre llegan a las mujeres que más lo necesitan. “En las charlas sobre violencia de género, nos encontramos con las mismas mujeres de siempre, las que estamos concienciadas y casi no lo necesitamos, aunque siempre aprendes algo. Muchas veces, el problema radica en que la mujer que está siendo maltratada no es consciente de ello, siente ver- güenza o un miedo que la paraliza”.

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Sandra Cuesta, alcaldesa de Colunga, abunda en el tema y está convencida de que en muchos pueblos hay mujeres que ni tan siquiera conocen la existencia del teléfono 016. “No es que no se sientan identificadas, pero en los territorios rurales aún persiste demasiada dependencia social y económica del hombre y mucha gente sigue pensando que determinados problemas pertenecen a la esfera privada de las familias y evita inmiscuirse porque entienden que eso es lo correcto”. El gran problema en el mundo rural, añade Victoria Zarcedo, es que “en los pueblos, todo el mundo se conoce, se saben muchas cosas pero nadie quiere intervenir, por miedo a equivocarse o por miedo a represalias. Hay que hacer partícipe de este terrible problema a todo el mundo por igual, educar y convencer de que no es un problema de las mujeres sino de toda la sociedad”, concluye.

Y en ello están, abordando esta triste realidad de forma transversal para seguir avanzando en la concienciación. “La mejor manera de llegar es a través de imágenes y campañas sorpresivas como la que hicimos durante la Quincena Cultural de San Miguel en la que, antes de cada actuación de música o teatro, leímos un manifiesto contra la violencia de género en el auditorio lleno de gente y, además, casi todos los días, lo leyeron hombres”, explica la concejala de El Franco. “Llegó muy bien el mensaje que queríamos transmitir al maltratador, que la sociedad lo desprecia, y a la mujer maltratada, que todos y todas estamos aquí para ayudarla”, concluye.

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Por
Flor Pavón

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