El tren de la producción ecológica española se ha puesto en marcha y circula a toda velocidad. España es el primer país productor de agricultura ecológica europeo si se tiene en cuenta la superficie destinada a este tipo de cultivo: dos millones de hectáreas. Y el quinto de todo el mundo. En cuanto al consumo, nuestro país se sitúa en el décimo puesto del ranking mundial, con un mercado interior que alcanza los 1.600 millones de euros. España es uno de los 10 países en los que más crece el consumo de productos ecológicos en Europa. En 2016, último año del que se tienen cifras, creció un 12%.

Estas cifras tienen su reflejo en la imagen de los lineales de la gran distribución. La producción ecológica está aumentando su presencia, siendo uno de los motores que elevan las cifras en los supermercados nacionales, planes en lo que a alimentación convencional se refiere.

Esta mayor demanda empuja el crecimiento de las producciones ecológicas, tanto en los cultivos de vegetales (huerta, fruta, viñedo, aceite…) como en la producción ganadera (carne, leche y huevos). Además, se han subido a este carro otros productos como la cosmética o el textil.

Para vigilar el estricto cumplimiento de las condiciones que deben cumplir las producciones ecológicas existen los Consejos Reguladores de la Agricultura Ecológica, que son los responsables de establecer un reglamento acorde con las directivas europeas de producción ecológica, así como las agencias de certificación que garantizan que el productor cumple con el reglamento.

Este es el contexto para el desarrollo de la agricultura y ganadería ecológicas que rigen en Europa.

Y en Asturias…¿qué?

La producción ecológica asturiana está centrada principalmente en la ganadería bovina de leche y carne. El resto de producciones ganaderas -avícola, porcino, ovino y caprino- son anecdóticas. En cuanto a las producciones vegetales, la horticultura tiene una pequeña presencia y está centrada principalmente en el mercado local. La producción frutícola se focaliza en la producción de manzana de sidra y recientemente han emergido con fuerza las plantaciones de pequeños frutos, los kiwis en las cuencas bajas del Nalón y el Narcea y los viñedos en el suroccidente.

El camino para las producciones primarias dentro de la agricultura y ganadería convencionales es complicado en un mundo globalizado, donde cualquier producto tiene que competir con otros mercados, donde las reglas del juego y los costes salariales son totalmente diferentes.

A cambio, las condiciones climáticas asturianas, con un clima suave, con abundancia de agua y ausencia de heladas, una rasa costera que concentra la mayor parte del terreno agrícola y zonas de interior con abundantes pastos de montaña, ofrecen muchas posibilidades para la producción ecológica. Los productores pueden competir dentro de un mercado muy joven y expansivo, en el que están surgiendo espacios para un crecimiento con relativa facilidad, debido a la ausencia de competidores extranjeros y a un gran mercado creciente en las sociedades avanzadas de Europa.

Tradición

Otro factor que permite considerar las crecientes posibilidades de este tipo de explotaciones es su gran similitud con los sistemas de producción agrarios tradicionales asturianos. La carne producida por las vacas autóctonas en los puertos de montaña, la ganadería de leche tradicional con pastoreo, las producciones de manzana de sidra, la escasísima producción del pitu caleya… Son productos de alta calidad y producciones con un sistema de manejo muy próximo a la ecológica. El último paso para ser certificados como ecológicos implicaría pocos cambios en el manejo para el cumplimiento de la normativa. Sin embargo, la gran eclosión de producciones ecológicas en As- turias, se demora. Es todavía muy tímida y poco visible.

Las condiciones climatológicas, el terreno y las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales son grandes aliados, así como la imagen agroalimentaria de calidad que proyecta Asturias, acorde con el concepto de Paraíso Natural. La producción ecológica es una interesante posibilidad de desarrollo agrícola y ganadero que puede contribuir a la diversificación del medio rural, a la mejora de las rentas agrarias y convertirse en una importante contribución para la solución del gran problema del despoblamiento.