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Casa Chomba, una ganadería que pasa de generación en generación

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Casa Chomba, de Las Tabiernas (Tineo), eligió apostar fuerte por la ganadería. Los hermanos Manuel y Juan Gayo decidieron continuar con el legado que les traspasaban sus padres. Pero quisieron dar un paso más. Por eso, decidieron ampliarlo tanto en cabezas de ganado como en mano de obra. ¿Cómo? Sencillo. Ambos involucraron a sus parejas en la explotación configurando una forma de vida totalmente ligada a su ganado.

La ganadería Casa Chomba está compuesta por más de medio millar de animales. Por un lado, cuenta con 220 vacas de producción de leche, de las que 120 están en ordeño. También tienen vacas de carne, otro centenar; y otros tantos terneros para recebar. El vacuno no es el único ganado al que se dedica esta ganadería tinetense. Y es que además posee casi 100 caballos, 30 cabras y 18 ovejas.

Esta es la cuarta generación de Casa Chomba, una ganadería del Occidente asturiano que se ha ganado por méritos propios ser un referente en el sector gracias al trabajo, esfuerzo y dedicación por el ganado de varias generaciones.

La vida de ganadero no es sencilla. No conoce los descansos ni los días festivos. Tampoco de horarios. O sí, los que marcan los animales cuando tienen que comer. Y de esto saben mucho en Casa Chomba, donde el día comienza temprano. Tanto que todavía no ha salido el sol. Son las seis de la mañana y toca ordeñar, un trabajo que lleva por lo menos dos horas y al que le sigue el preparar la comida para las vacas.

Paralelamente, al resto de animales estabulados les comienza a llegar la hora de comer. Tampoco se pueden olvidar de las vacas de carne, caballos, cabras y ovejas que están en régimen extensivo. A pesar de estar pastando libremente por las fincas, también requieren de su visita diaria y reciben alimento extra, más aun cuando se acerca el invierno.

En Casa Chomba todo tiene su porqué y el trabajo está muy organizado entre los miembros de la ganadería. El objetivo no es otro que buscar y alcanzar el máximo rendimiento a la explotación.

“Todo da trabajo y hay que mirar por ello si quie- res tener un rendimiento, las vacas pintas producen todos los días y las de carne hay que mimarlas porque solo dan un xato y si se pierde te quedas sin nada, también los caballos son una ayuda, la carne de potro está revalorizándose y merece la pena”, apunta Miriam González.

La ganadera hace balance y recuerda que los precios de venta tanto de la leche como de la carne son “muy justos”, mientras observan que “todo sube, desde la luz, al recibo de autónomos”.

Más allá de la económica, la ganancia que aportan a la ganadería las cabras y las ovejas es la de la limpieza de fincas y monte. Junto con los caballos, son los encargados de mantener a raya el matorral en las proximidades de Las Tabiernas.

Su pastoreo evita tener que recurrir al desbroce con maquinaria y controla la maleza en las lindes de los prados, así como en el pinar del cercano alto de La Casa del Puerto.

Problemática // Inviernos duros como el vivido este año y la presencia del lobo son las principales dificultades que se encuentran en la ganadería de Las Tabiernas para mantener el pastoreo. Desde hace unos meses no han sufrido ataques del cánido, pero últimamente está volviendo a dejarse ver por la zona. “Los lobos son nuestro mayor problema ahora, tiene que haber un término medio”, reclama Manuel Gayo.

Otro hándicap que ven los ganaderos en su trabajo es el incremento de la burocracia y el constante cambio de las normativas. “Estamos pendientes del tema de los purines, por ahora parece que podremos seguir con la forma tradicional, pero no sabes cuánto tiempo lo van a mantener, hay incertidumbre”, aseguran en Casa Chomba.

Manuel y Juan Gayo con sus parejas Miriam y Ana Belén González han conseguido mantener la tradición ganadera familiar en la que también están involucrando a sus hijos que, a pesar de sus cortas edades, no dudan en echar una mano en los diferentes trabajos que conlleva el cuidado de los animales. “Es una vida muy distinta a la que llevarían en una ciudad o en Tineo, llegan del colegio y lo primero que hacen es ir a ver a los animales, nos dicen que solo saben hablar de ganadería, pero es lo que ven a diario y les gusta”, comentan orgullosos. Y es lo han visto y lo han vivido desde que nacieron y quien sabe si serán la siguiente generación de ganaderos en Cassa Chomba.

Un trabajo en familia que se convierte en algo más, es una forma de vida que implica a cada uno de los miembros de la casa y que sigue los ritmos que marca el ganado.

Así se vive en Casa Chomba, una ganadería que luce con orgullo el paso de la tradición entre generaciones y que aspira a seguir creciendo.

Por 
Demelsa Álvarez

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